Cómo empezar a cuidarte después de los 40: 7 hábitos realistas que puedes mantener

Pilar y Carles durante una ruta al aire libre.

Puede llegar un momento en el que te das cuenta de que quieres volver a cuidarte.

Quizá has ganado algo de peso, te cuesta más mantener una rutina, comes peor de lo que te gustaría o simplemente sientes que durante los últimos años has ido dejando tu bienestar en segundo plano.

Y entonces aparece una idea muy habitual:

“Tengo que cambiar muchas cosas.”

Pero intentar cambiarlo todo de golpe suele ser precisamente una de las razones por las que terminamos abandonando.

Después de los 40 no necesitas empezar una vida completamente nueva. Muchas veces necesitas algo mucho más sencillo: recuperar algunos hábitos que puedas mantener en tu vida real.

Nosotros preferimos empezar por ahí.

1. No intentes hacerlo todo perfecto

Uno de los errores más habituales cuando decidimos cuidarnos es plantearnos cambios demasiado grandes.

Comer perfecto todos los días.
Hacer ejercicio cinco veces por semana.
No volver a picar entre horas.
Eliminar todos los alimentos que consideramos “malos”.

El problema es que la vida real no funciona así.

Hay trabajo, familia, compromisos, comidas fuera de casa y semanas en las que simplemente tenemos menos tiempo o energía.

Por eso puede ser mucho más útil preguntarte:

¿Qué pequeño cambio podría mantener durante las próximas semanas?

Puede ser preparar mejor tus desayunos, caminar un poco más, organizar algunas comidas o beber más agua.

No parece espectacular.

Pero los hábitos que consigues mantener suelen ser mucho más valiosos que los cambios radicales que duran diez días.

2. Organiza un poco mejor tus comidas

No necesitas planificar cada gramo de lo que vas a comer.

Pero tener una mínima organización puede evitar muchas decisiones improvisadas.

Cuando llegamos a casa cansados y no tenemos nada pensado, es mucho más fácil terminar comiendo lo primero que encontramos.

Puedes empezar simplemente decidiendo algunas comidas básicas para la semana y teniendo disponibles alimentos que te permitan preparar opciones sencillas.

La organización no busca controlar cada comida.

Busca hacer que la opción que te ayuda a cuidarte también sea una opción fácil.

3. Aprende a distinguir hambre, hábito y picoteo

Muchas personas nos cuentan que uno de sus mayores problemas no son las comidas principales.

Es lo que ocurre entre ellas.

Abrir la nevera cada vez que pasamos por la cocina. Comer algo mientras preparamos la cena. Picar cuando estamos cansados, aburridos o viendo la televisión.

No siempre comemos porque tengamos hambre.

Por eso antes de prohibirte picar, puede ser útil empezar simplemente observando cuándo ocurre y por qué.

Ese pequeño ejercicio de conciencia puede ayudarte a detectar patrones y empezar a cambiarlos.

4. Muévete más, aunque no tengas una hora para entrenar

Vida activa no significa necesariamente ir todos los días al gimnasio.

Caminar, subir escaleras, salir a pasear, hacer alguna actividad que te guste o aprovechar pequeñas oportunidades para moverte también cuenta.

Muchas veces esperamos encontrar una hora perfecta para hacer ejercicio.

Y como esa hora no aparece, terminamos haciendo muy poco.

Puede ser más realista empezar buscando más movimiento dentro de la vida que ya tienes.

Con el tiempo podrás aumentar la actividad si quieres y si encaja contigo.

5. Crea rutinas que dependan menos de la motivación

La motivación viene y va.

Hay días en los que estás decidido a cuidarte y otros en los que no te apetece absolutamente nada.

Por eso depender únicamente de la motivación suele ser complicado.

Las rutinas ayudan a reducir ese esfuerzo de decisión.

Por ejemplo, dejar preparada cierta comida, elegir unos días concretos para caminar o asociar una actividad a algo que ya haces habitualmente.

Cuando una acción empieza a formar parte de tu rutina, necesitas menos fuerza de voluntad para repetirla.

6. No conviertas un mal día en una mala semana

Has comido más de lo que querías.

No has hecho ejercicio.

Has tenido una comida familiar o una semana especialmente complicada.

Eso no significa que hayas estropeado todo el proceso.

Uno de los hábitos más importantes puede ser precisamente aprender a volver.

Volver a tu siguiente comida habitual.

Volver a caminar.

Volver a organizarte.

Sin castigos y sin intentar compensar haciendo algo extremo al día siguiente.

La constancia no consiste en no desviarse nunca.

Consiste en saber retomar el camino.

7. Busca una forma de cuidarte que encaje contigo

No existe una única rutina válida para todo el mundo.

Una persona puede trabajar por turnos. Otra puede viajar constantemente. Otra tiene hijos en casa y otra vive sola.

Por eso copiar exactamente lo que hace otra persona no siempre funciona.

Tus hábitos tienen que encajar con tus horarios, tus preferencias y tu situación actual.

Para nosotros, ese es uno de los puntos más importantes del proceso:

primero entender tu realidad y después decidir qué cambios pueden tener sentido para ti.

Después de los 40, empezar también cuenta

No importa demasiado si llevas meses o años sin cuidarte como te gustaría.

Tampoco necesitas esperar al lunes, al mes que viene o al momento perfecto.

Puedes empezar con una decisión pequeña.

Una comida mejor organizada.
Un paseo.
Una compra un poco más consciente.
Una nueva rutina.

Y después otra.

Con el tiempo, esos pequeños cambios pueden convertirse en una forma diferente de cuidarte.

¿No sabes por dónde empezar?

Si quieres mejorar tus hábitos pero te cuesta saber qué cambios pueden encajar mejor contigo, podemos empezar conociendo tu situación actual.

En nuestro estudio nutricional personalizado hablamos durante aproximadamente una hora sobre tus hábitos, alimentación, actividad, objetivos y dificultades para valorar juntos qué pasos pueden resultar más realistas para ti.

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